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Un estudio cuestiona el aporte de los cometas al origen de la vida en la Tierra

Un estudio cuestiona el aporte de los cometas al origen de la vida en la Tierra

El origen de las primeras células biológicas en la Tierra, conocido como abiogénesis, cuenta con distintas explicaciones posibles. Una de ellas propone que los cometas aportaron componentes orgánicos al planeta primitivo. Aunque se han detectado compuestos orgánicos en estos cuerpos, queda una cuestión fundamental: si podían sobrevivir al paso por la atmósfera y a la rápida desaceleración del impacto.

Un estudio de Richard J. Anslow y sus colaboradores, publicado en Scientific Reports, pone en duda la eficacia de ese mecanismo en la Tierra. El trabajo combina simulaciones detalladas de impactos cometarios con el conocimiento sobre la formación y presencia de moléculas orgánicas volátiles en los cometas. Su análisis se centra en el cianuro de hidrógeno (HCN), cuya supervivencia hasta alcanzar la superficie terrestre resultó insignificante en las simulaciones.


La presencia de compuestos orgánicos en un cometa no garantiza que puedan llegar intactos a la superficie de un planeta y contribuir al origen de la vida.

El contraste con Marte y la alternativa hidrotermal

Las dificultades no terminan con el impacto: procesos posteriores, como la hidrólisis, podrían degradar aún más las moléculas supervivientes, reduciendo su posible contribución a la actividad biológica. El escenario fue más favorable en las simulaciones del antiguo Marte, cuando podía conservar agua líquida. Allí, la entrega de HCN mediante cometas resultó mucho más eficaz, lo que mantiene abierta esta posibilidad para planetas más pequeños, sin demostrar que haya originado vida.

Para la Tierra, el material presentado señala las fuentes hidrotermales como una alternativa más probable para proporcionar ingredientes y energía a la formación de las primeras células. Estos entornos todavía sostienen ecosistemas gracias a su riqueza química, muy distintos de los de la superficie. El contraste entre la Tierra y Marte también plantea preguntas para la exploración de los océanos de Europa, aunque no constituye evidencia de actividad biológica en ese satélite.

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